Por entrequintanillayolivares.com
El pasado 7 de abril de 2026, la crónica negra de nuestra comarca sumó un nuevo capítulo: un conductor fallecido tras colisionar su turismo contra un camión en la N-122, a su paso por Sardón de Duero. Mientras los telediarios despachan la noticia en segundos, los vecinos de la Ribera volvemos a sentir ese escalofrío de indignación. No es un accidente más; es el resultado de tres décadas de negligencia política, intereses privados y promesas incumplidas.
La Radiografía del Horror: 25 años de siniestralidad
Para quienes toman las decisiones desde despachos en Madrid o Valladolid, la N-122 es una línea en un mapa. Para nosotros, es una cuenta atrás. Los datos acumulados desde el año 2000 son desoladores:
Más de 250 fallecidos: En el eje de la N-122 que atraviesa Castilla y León, se estima que más de un cuarto de millar de personas han perdido la vida en los últimos 25 años.
1.200 heridos y familias rotas: Por cada fallecido, las estadísticas de seguridad vial arrojan entre 4 y 5 heridos graves, muchos de ellos con secuelas permanentes.
La trampa de la Ribera: Solo en el tramo entre Tudela de Duero y Aranda de Duero, se registra una media de un accidente con víctimas cada 15 días.
Colisiones Frontales: El 80% de los accidentes mortales en esta vía son choques frontales por invasión de carril o adelantamientos. Son muertes que se habrían evitado al 100% si la Autovía del Duero (A-11) estuviera terminada.
Densidad Insoportable: La vía soporta tramos con más de 12.000 vehículos diarios, de los cuales casi 4.000 son camiones de gran tonelaje. Mezclar este tráfico pesado con turismos y tractores en una carretera nacional estrecha es una receta para la tragedia.
El "Trazado del Páramo": ¿Seguridad o conveniencia?
La lógica de la ingeniería dictaba que la autovía debía desdoblar la actual nacional por el valle: era más barato, más rápido y más seguro. Sin embargo, se optó por el "Trazado Norte", subiendo la carretera al páramo.
Esta decisión ha disparado el presupuesto (superando los 230 millones de euros solo en los tramos de Valladolid) y ha retrasado las obras décadas. ¿Por qué se eligió el camino más difícil? La respuesta está en los viñedos. Se priorizó el impacto visual de bodegas de prestigio sobre la eficiencia de una vía de comunicación vital. El resultado es que, cuando se abran los tramos previstos para este 2026, muchos camiones seguirán prefiriendo la nacional para evitar el consumo de combustible que supone subir al páramo, manteniendo el peligro donde siempre ha estado.
Servidumbres de paso: Una ley con dos varas de medir
Hay un dato técnico que indigna especialmente: la Ley 37/2015 de Carreteras. Esta norma prohíbe plantaciones o construcciones en las zonas de servidumbre (8 metros desde la vía) y afección (25 metros) por razones de seguridad.
Sin embargo, basta un vistazo a Google Maps para ver cómo grandes explotaciones privadas tienen viñedos pegados literalmente al asfalto de la N-122. Es vergonzoso que, mientras a un ciudadano de a pie se le exige retirar un seto o una valla que asoma a la calle, se haya permitido que cultivos estratégicamente plantados "bloqueasen" el trazado lógico de la autovía, obligando a toda una comarca a esperar 30 años por una solución.
El peso político: El precio de ser "leales"
La N-122 es la prueba de que en España la inversión no va donde más se necesita, sino donde más se teme al votante.
El silencio de Castilla: Al ser un territorio de voto estable, los sucesivos gobiernos han usado la A-11 como moneda de cambio o promesa electoral cíclica que nunca se termina de cumplir.
Lobbies vs. Vecinos: Los intereses económicos han tenido línea directa con el Ministerio, mientras que las movilizaciones de alcaldes valientes y vecinos cansados han sido ignoradas sistemáticamente.
El "Impuesto del Vino": Un sobrecoste que triplica la factura
Muchos vecinos se preguntan: "¿Qué más da por dónde vaya la autovía, si al final la pagan en Madrid?". La realidad es que el trazado por el páramo es una de las mayores ineficiencias económicas de la ingeniería civil española reciente. Según estimaciones de técnicos a pie de obra, el coste de este trazado triplica el de un desdoblamiento convencional.
El precio del kilómetro: Mientras que desdoblar una carretera nacional en terreno llano puede costar entre 4 y 6 millones de euros por kilómetro, los tramos que rodean Olivares y Quintanilla han disparado su coste hasta los 12-15 millones por kilómetro.
Viaductos millonarios para salvar "intereses": Al desplazar la carretera fuera del valle, ha sido necesario proyectar estructuras colosales. Un ejemplo es el Viaducto del Duero (cerca de Quintanilla de Arriba), una obra de ingeniería inmensa con más de 1.000 metros de longitud que no habría sido necesaria si se hubiera desdoblado la vía actual. Solo esta estructura cuesta más que varios kilómetros de autovía llana.
Movimientos de tierras faraónicos: Subir la autovía al páramo implica excavaciones y rellenos masivos para suavizar las pendientes para los camiones. Estamos pagando con nuestros impuestos el combustible de las excavadoras que mueven millones de toneladas de tierra solo para que la autovía no pase por delante de determinadas bodegas.
El coste de la espera: Cada año que la obra se retrasa por la complejidad de este trazado "impuesto", los materiales se encarecen (inflación) y las empresas constructoras exigen revisiones de precios que pagamos todos. Se estima que el sobrecoste acumulado por la elección de este trazado ineficiente supera ya los 100 millones de euros solo en nuestra zona.
En resumen: Con el dinero que se está gastando de más para "esquivar" los intereses privados de la Milla de Oro, se podrían haber construido 30 kilómetros adicionales de autovía en los tramos que aún están en tierra en las provincias de Soria o Zamora.
"Estamos ante una obra donde el interés general ha sido sacrificado para proteger el paisaje de unos pocos, y la factura la pagamos todos los españoles con nuestro dinero y, trágicamente, con nuestra seguridad."
Conclusión: No queremos más fotos, queremos seguridad
El tramo que se inaugurará próximamente entre Tudela y Quintanilla es un parche que llega con 20 años de retraso. No soluciona el paso por Peñafiel ni elimina el tráfico pesado del valle mientras el diseño siga siendo un "rodeo" para no molestar al patrón.
La muerte reciente en Sardón de Duero tiene responsables que no iban en ese coche. Son aquellos que, por una copa de vino o un pacto de sillón, decidieron que nuestras vidas valían menos que una hilera de cepas mal situadas. Ya no pedimos una autovía, exigimos justicia para una comarca que ya ha pagado suficiente peaje en sangre.
30 años de espera: La A-11 es la infraestructura más retrasada de España en relación a su tráfico.
Siniestralidad: La N-122 triplica la tasa de peligrosidad media de las carreteras nacionales.
Tráfico pesado: 4.000 camiones diarios conviven con vecinos en una vía de un solo carril.
Sobrecostes: El trazado por el páramo es más caro e ineficiente que el desdoblamiento original.
El Despilfarro del "Páramo": Subir la autovía al páramo para no molestar a los viñedos ha triplicado el coste por kilómetro, pasando de los 5 millones de media a más de 15 millones de euros.
Un Viaducto de "Cortesía": Solo el viaducto de Quintanilla de Arriba (necesario por el trazado desviado) cuesta más que haber terminado varios kilómetros de autovía llana en el valle.
Ilegalidad Consentida: Existen viñedos privados que invaden la zona de servidumbre de la carretera nacional (8 metros) sin que ninguna administración actúe, mientras a los vecinos se nos inspecciona por reformar una ventana.
Cepas "Estratégicas": Gran parte de los viñedos que se usaron como excusa para desviar la autovía por ser "centenarios" fueron plantados sospechosamente cuando el proyecto del desdoblamiento ya estaba sobre la mesa.
La Autovía que los camiones evitarán: Debido al fuerte desnivel para subir al páramo, muchos transportistas seguirán usando la nacional para ahorrar combustible, manteniendo el peligro de atropellos en los pueblos y choques frontales en los adelantamientos.
El "Cero" Político: En 30 años, más de 10 ministros de Fomento de distintos partidos han pasado por el cargo; todos prometieron la A-11 y todos permitieron que los intereses de los "jefes de la zona" ganaran a la seguridad vial.
El Peaje de Sangre: Desde el año 2000, la Ribera ha pagado un tributo de más de 250 vidas por una infraestructura que es, sobre el papel, una prioridad nacional desde los años 90.
El Chantaje del Paro: Se utilizó el miedo al despido para que los trabajadores de las grandes bodegas no apoyaran a los que pedían el trazado lógico y seguro.